¿DESPIDO IMPROCEDENTE POR DEMANDAR A LA EMPRESA POR ACOSO?

Recientemente se ha publicado una sentencia sobre acoso laboral que resulta bastante ilustrativa de lo que éste implica.

Se trata de una trabajadora que fue despedida y demandó a la empresa por acoso de naturaleza sexual, perdiendo en primera instancia parte de su demanda al reconocerse únicamente la improcedencia del despido, desestimando el reconocimiento del acoso.

Sin embargo, el TSJ de Galicia sí aprecia el acoso sexual laboral y reconoce el despido nulo al considerar vulnerados los derechos fundamentales de la trabajadora.

Lo que se desgrana con la lectura de la sentencia es un relato fáctico de lo que el acoso constituye, esto es, un ataque y menoscabo de la integridad de la víctima con intenciones destructivas o denigrantes. La sentencia recoge el acoso y derribo que la demandante y víctima sufrió de forma continuada con afectación clara de su salud mental e integridad moral y personal.

En necesario evidenciar este daño, lo que desde el ámbito pericial psicológico se suele hacer mediante una rigurosa anamnesis que incluye la aplicación de pruebas validadas que sirven para objetivar un daño que la mayoría de las veces pasaría desapercibido o sería equivocadamente tachado de contingencia común como un trastorno del espectro ansioso-depresivo.

Se trata de desgranar el ambiente laboral y separar lo que puede ser un posible malentendido o un comportamiento inadecuado, de una conducta claramente vulneradora de las más elementales normas y objetivos. Debe alcanzar más allá de la potencial sensibilidad de la víctima y analizar el contexto y comportamientos de acoso que se producen. Tal y como recoge la sentencia, se trata de un caso claro y paradigmático de acoso sexual, con una clara afectación psicológica y moral de la víctima, que en estos casos tiene poca o nula defensa posible salvo la baja médica inespecífica o la baja laboral definitiva en la empresa:

“[…] los hechos probados de la sentencia de instancia ponen de relieve que la conducta del empresario demandado constituye un caso claro de acoso sexual ambiental, por cuanto incurrió en un comportamiento verbal, producido por las reiteradas insinuaciones románticas, hasta llegar a un correo electrónico de carácter romántico y sexual, en el que se utilizan expresiones tales como «nunca tuve verdaderos deseos de darle una hija a una mujer, y a ti sí que me gustaría dártela», todo ello indeseado por su destinataria, que en ningún momento ha demostrado aceptación de todo ello, y que dio lugar pocos días después a su baja por ansiedad […]”

El acoso -del tipo que sea- siempre conlleva, en sus diferentes formas, una invasión del espacio vital e íntimo de la víctima con intenciones destructivas, hasta el punto de que el apellido que se le suele poner retrata a la perfección el trasfondo: “acoso y derribo”

El hecho de querer derribar las barreras y límites de la víctima es lo que constituye la transgresión esencial que tanto daño causa en la salud de la víctima, que a veces no sabe o no puede reaccionar como podría parecer lógico al estar afectada en un síndrome aún mayor que cohíbe y limita la capacidad de respuesta, como específicamente recoge también la sentencia “[…] …no es exigible al afectado por un acto de acoso sexual la carga de reaccionar con carácter inmediato y con especial contundencia, basta una señal del carácter no querido de tal conducta por parte de su destinataria para deshacer cualquier equívoco o ambigüedad al respecto, sin que en absoluta quepa hablar de tolerancia por su parte, siendo claro que nunca toleró la conducta de acoso de su jefe. Cierto que en una ocasión la actora salió «de copas» con su jefe y su socio, pero esta circunstancia sólo revela el lógico temor a perder el puesto de trabajo y en la esperanza de que ese acoso algún día iba a finalizar ante le falta de reciprocidad de la actora. […]”

En el caso juzgado se produce esta situación en un lapso de tiempo de 2 meses, pero cabe recordar que el convenio 190 de la OIT entró en vigor en mayo de 2023 y recoge la posibilidad de que pueda considerarse acoso ante una única ocasión que ocurran estos comportamientos. Esta cuestión parece más lejana teniendo en cuenta nuestro contexto judicial, empresarial y sociocultural, pero lo importante es la concienciación y cada vez mejor sensibilización ante estas conductas y la adecuada respuesta que merecen.

Este tema y otros parecidos de la esfera psicosocial, serán tratados ampliamente en una unidad de nuestro Curso de Especialización Jurídica y Pericial en PRL que comienza en breve.

Que no te lo cuenten, ven a aprender con los mejores.

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